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Cómo tomar mejores decisiones

Cómo tomar mejores decisiones

Algunas personas son mucho más decididas que otras. Sin embargo, a la hora de tener que escoger dos o más opciones importantes que pueden cambiar el curso de sus vidas, el miedo se hace presente para todos. Para liberarnos del temor y afrontar con coraje, asertividad y confianza las decisiones que nos presenta la vida, debemos evitar caer en las siguientes trampas:

1. El miedo a equivocarse.

Lo primero que debemos saber es que cuando se toma una decisión habiendo realizado un análisis detallado del problema no existe la equivocación como tal. La decisión ha sido correcta para ese momento y para la información que teníamos. El resultado puede ser malo, pero no es una mala decisión. Sí lo es no hacer nada al respecto.

2. La obsesión por la decisión perfecta.

Aunque siempre hay opciones, no tenemos manera de saber cuál es la decisión ideal (excepto que puedas predecir el futuro). Tampoco se trata de un "blanco o negro". Aunque tengamos miedo de tomar una decisión y que no sea la perfecta, puede ser que elijamos una útil, quizás no tan “ideal”, pero igualmente buena para resolver la cuestión.

3. La trampa de la permanencia.

Solemos creer que nuestras decisiones son para siempre. Los cierto es que podemos cambiar de opinión, al menos en la mayoría de los casos. Para que la ansiedad no se apodere de nosotros, debemos recordar que las decisiones no son de por vida. No pasa nada si luego cambiamos de opinión a la luz de más información o evidencia nueva.

4. La sensación de falta de autonomía.

Cuando enfrentamos una situación nueva a la que no estamos acostumbrados, aparece la incertidumbre y el miedo. El miedo hace que percibamos estas situaciones fuera de nuestro control, y es probable que esperemos a que se resuelva “sola”. Así, tomamos la peor de las decisiones: no tomar ninguna decisión.

5. La influencia del “qué dirán”.

Con mayor o menor intensidad, a todos nos afecta lo que otras personas piensan de nosotros. En la mayoría de los casos ya sabemos que hacer. El número de “razones” que nos inventamos para justificarlo es inversamente proporcional a las ganas que tenemos de hacerlo. Cuando el deseo es muy grande, no necesitamos de la aprobación ajena.

Siempre es útil recordar que el miedo es sólo una de las caras de una moneda, y que la otra cara es la esperanza. El miedo va siempre unido a la esperanza de que aquello que se teme no ocurra, y la esperanza va unida al miedo de que aquello que se espera no llegue. Por ello, en estos tiempos de grandes incertidumbres, vale recordar a Nelson Mandela cuando decía “que tus decisiones reflejen tus esperanzas, no tus miedos”.

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