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Despedir sale caro

Imagen de Carolina Bellora

Por Carolina Bellora

La reducción del personal suele ser una de las primeras medidas que toman las empresas para afrontar la crisis. Esto sin duda tiene un efecto inmediato en la cuenta de resultados y resulta sumamente tentador cuando estamos apremiados por mostrar “resultados inmediatos” a nuestros accionistas. Sin embargo, y a pesar de la popularidad de esta medida, las organizaciones suelen ignorar (o, en el mejor de los casos, subestimar) los altísimos costos ocultos que supone una reducción forzada de la plantilla. A continuación algunos de ellos:

Deterioro de la productividad. Un error común de las empresas es disminuir el número de empleados sin pensar en el impacto de esta medida en las personas que siguen en la organización. Los “sobrevivientes” tendrán que asumir una mayor carga de trabajo, con menos tiempo libre y una mayor tensión entre ellos. Esto afecta el clima laboral, baja la motivación y reduce el desempeño.

Aumento del índice de rotación. Otra consecuencia negativa es “la huida” de aquellos trabajadores más comprometidos. Varios estudios han demostrado que mientras más alta la cantidad de despidos, mayor será la tasa de rotación. La mera transición de ser una firma “que no despide” a una que despide basta para que cunda el pánico y la gente salga a buscar trabajo en otro lado.

Condicionamiento del largo plazo. La ansiedad que produce la crisis y la presión por “hacer algo” hacen que las medidas a tomar no siempre consideren el impacto en el largo plazo. Las empresas que salgan mejor paradas de la crisis serán las que, además de una gestión de costos intachable, tengan una gestión enfocada en el crecimiento. Y para crecer, se necesita personas con talento.

Disminución del valor de la empresa. A pesar que está demostrado que “las personas son el activo más valioso” de una organización, demasiados ejecutivos todavía gestionan a sus empleados como si fueran costos. El desafío de las empresas, aún en tiempo de crisis, es llevar adelante una gestión del capital humano que coloque a las personas en el lugar que hoy tienen en la mayoría de las organizaciones: la única fuente de ventaja competitiva en el largo plazo.

Las organizaciones exitosas hacen más que sobrevivir durante una crisis. Se posicionan para aprovechar las ventajas del mercado y recomponerse rápido una vez pasada la crisis. Reducir costos es sólo una pequeña parte de la solución para aguantar los tiempos difíciles. Necesaria, pero no la más importante. En momentos de crisis, aquellas organizaciones interesadas por su futuro deberán tomar medidas creativas que no supongan darle un portazo a los trabajadores y una descapitalización de la empresa a la vez. Debemos recordar que gestionar una empresa es, ante todo, gestionar personas. Ellas marcan la diferencia. Y más en los tiempos que corren.

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