El blog de BIZart

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Cuando decir NO

Cuando decir NO

Todos recordamos alguna vez que por no decir NO, tuvimos que hacer un trabajo que odiábamos, resignar tiempo del fin de semana, o postergar actividades con nuestra familia. También recordamos como nos llenamos de rabia por no hacer lo que en realidad queríamos, y terminamos malogrando la tarea encomendada.

¿Por qué nos cuesta tanto decir “no”? Dicho de otro modo: ¿Por qué tenemos el “sí” tan fácil y nos saturamos la agenda (y la vida) de compromisos? Porque decir sí es más rápido, no nos obliga a pensar y elegir, y nos hace quedar bien con los demás. Decir “sí” a todo (y a todos) es mucho más fácil pero significa pagar un precio demasiado alto. Por ello, vale la pena reflexionar sobre aquellas situaciones donde decir “no” puede beneficiarnos en el largo plazo:

  • Si no nos enorgullece lo que vamos a hacer
  • Si no vamos a poder hacer un buen trabajo
  • Si nos va a distraer del trabajo que realmente vale la pena
  • Si no entendemos porqué nos piden que lo hagamos
  • Si lo que vamos a hacer nos avergüenza
  • Si nos beneficia pero perjudica a las personas que nos importan
  • Si nos aleja de nuestro camino del desarrollo profesional (y personal)
  • Si implica resignar nuestras prioridades familiares y personales
  • Si nos obliga a posponer (una vez más) algo que siempre quisimos hacer
  • Si nos perjudica y lo hacemos sólo para sostener el vínculo con alguien
  • Si nos quita tiempo de juego con nuestros hijos

Estas son sólo algunas razones para empezar a practicar el “no”. El “no” como estrategia para centrarnos en actividades importantes, como remedio para evitar la saturación y el stress, y como respuesta a la pregunta «¿cómo hago para hacer lo que siempre quise hacer pero siempre me veo obligado a posponer?».

Decir “no” cuesta horrores, sin duda. Pero es más fácil de hacer cuando tenemos claro lo que queremos, cuando hemos decidido decir “sí” a las cosas que verdaderamente nos importan y cuando nos dimos cuenta que hay peores males que la incomodidad o el mal trago de rechazar un pedido de alguien.

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